sábado, 30 de agosto de 2014

DE REPENTE ME SIENTO TRISTE – EL PODER DE LA MENTE INCONSCIENTE.




De repente, me siento triste. Sin previo aviso, una ola de tristeza me embarga y atenaza mi pecho. Acabo de entrar en el ascensor de este viejo hotel en Madrid y me golpea el dolor por la ausencia de mi padre (que murió hace ya algunos años). Cuando era un niño chico estuvimos una semana en Madrid para conocer la ciudad a fondo, saltándonos las clases escolares. Fue una experiencia familiar y cultural memorable.

Algo ha conectado estos dos momentos en mi mente y ha activado este recuerdo de Papá (que murió hace ya algunos años). Mi padré fue una persona honesta, llena de valores humanos. Aunque aparentaba ser un hombre serio y distante (fué un reconocido abogado), en el fondo de su corazón fué niño, con una inmensa necesidad de ser amado y respetado. Cada vez que le recuerdo, siento su presencia viva en el corazón de los que le amamos y los que él amó.

Es sorprendente observar cómo funciona nuestra mente. Cómo situaciones aparentemente triviales conectan con un caudal de contenidos (información, emociones, valores) que yacen en algún sitio dentro de nosotros. Y emergen inesperadamente con una gran capacidad de producir cambios en nosotros, emocionarnos o motivarnos, alterando nuestra realidad presente (que es la única que existe).

Es asombroso ver la cantidad de cosas que guardamos en nuestro interior. De hecho, nuestro sistema mente-cuerpo registra y guarda información de todas las experiencias que tenemos a lo largo de toda nuestra vida; y lo hace aunque no seamos conscientes de esta información y experiencia. Desde la neurobiología se afirma el hecho de que nuestra mente registra muchísima más información de la que nuestra mente es consciente. Y esta información se almacena en nuestras células (del cerebro y el cuerpo) y se procesa constantemente siendo usada mediante nuestros mecanismos internos de forma no consciente. Científicos como el Dr. Joe Dispenza nos recuerdan que nuestra mente es 5% consciente y 95% inconsciente, ya que la mayor parte consiste en un funcionamiento comparable al de programas que “operan” internamente. Otros científicos han investigado y descrito mecanismos biológicos relevantes, como el Marcador Somático de Damasio. Éste describe cómo todas las decisiones que tomamos están “marcadas” por emociones no conscientes antes de que lleguen al lóbulo frontal de nuestro cerebro donde devienen pensamientos conscientes. En base a ello, podemos afirmar que incluso nuestros pensamientos y decisiones conscientes están teñidas de subconsciente.

El hecho es que la mente subconsciente llega mucho más lejos de lo que nuestra mente consciente puede abarcar, tanto en términos de contenido (antes explicado) como en otros varios aspectos como, por ejemplo, la edad. Sabemos que no podemos conscientemente recordar prácticamente nada de antes de los 3 años de edad; sin embargo todas esas experiencias, incluso las anteriores al nacimiento, están registradas en nuestra mente inconsciente y, por tanto, también ellas afectan a nuestra vida y decisiones actuales.

En general, tendemos a ignorar el poder de nuestra mente inconsciente. Es como si negáramos su existencia por que no podemos pensar conscientemente sobre ella. Ignoramos que nuestra mente inconsciente nos gobierna (o afecta considerablemente) en la mayoría de nuestras experiencias y decisiones. El subconsciente es como el apuntador de una obra teatral que, sin que se note, nos susurra qué hacer en cada escena de nuestra vida. La mente subconsciente es también un sitio donde podemos hallar explicaciones, clarificación de conflictos, alivio al sufrimiento e incluso sanación. Pero, sobre todo, es una rica fuente de recursos personales, motivación y bienestar que, mayoritariamente, no usamos.


En el campo del desarrollo del liderazgo y del cambio organizacional hay una gran oportunidad para avanzar y experimentar. Pero mientras el mundo de los negocios y las organizaciones siga apegado mayormente al pensamiento racional y consciente, todo este valor y oportunidades seguirán inexplotados.  Por suerte, no son pocos los líderes conscientes que ya han entendido el pleno potencial de la mente y lo aplican con éxito.